Soy hija única y voy a ser madre. Parece no tener mucha relación o mucho sentido la frase cuando la releo. Pero es un sentimiento. Una razón de peso para mi. Carlos va a ser padre. Mi padre va a ser abuelo.
Tengo tanto miedo a quedarme sola.
El ser hija única creo que me ha hecho ser diferente, a todos nos marca nuestra infancia de una forma u otra, y a mi ésto me ha forjado una forma de ser. De lo que más. O eso creo. Siempre he considerado que mi familia eran mi padre y mi madre. Tres personas unidas en un universo de familias mayores, llenas de primos y tíos y abuelos. Y no es que careciese de tales parientes, tengo y he tenido de todo, pero la relación ha sido poco profunda. Tengo trato, relación, cariño, con mi familia pero no hemos sido muy familiares nunca, no hemos ido de vacaciones con la familia, ni hemos pasado las Navidades con ellos, ni nada de éso. Algún fin de semana, comidas, bodas, funerales, llamadas telefónicas, postales en Navidad, y cariño, sí, pero a media distancia. Siempre nosotros tres.
A veces envidio a otras familias, envidio a los que tienen hermanos, envidio a los que tienen primos que son "de casa"...otras veces me alegro de ser como soy, de tener familiafobia, de ser pelín rarita.
Desde que mi madre se fue, se ha hecho realidad mi mayor miedo, el quedarme sola. Sola en este mundo, sola sin nadie mío de verdad, aunque mi familia se ha ampliado. Tengo a Carlos que entró a formar parte de ese exclusivo grupito de tres. Y ya no me siento tan sola pero no se me quita el miedo. Es complicado resignarse a dejar de ser hija de tu madre, me explico, siempre seré su hija pero ella ya no está ahí para decírmelo.
En un momento, creo, desenterré un sentimiento muy profundo, escondido, y quise tener algo nuestro, mío, tan mío como era mi madre. Algo que sólo me perteneciese a mi y que no se pudiese arrancar, separar, abandonar, divorciar. Algo a lo que querer y aferrarme.
Sé que no es la mejor de las razones para tener un hijo, que es una razón egoísta, lo que sea pero es la razón que tengo, entre otras, para haber decidido dar este paso. Una decisión de dos, meditada y sopesada. Quiero conseguir lo que tenía antes, quiero mi familia.
Escribo ésto como quien se libera de un peso, entre la alegría y la tristeza, entre la ilusión y la rabia, entre la felicidad y la añoranza.
Estamos contentos, serenos, cada día más ilusionados, cada día más ñoños, cada día haciéndonos más a la idea, mentalizándonos.
No puedo evitar pensar que la vida no es justa, que ella debería estar aquí. Se hubiese alegrado más que yo. Me da rabia no poder librarme de esta amargura constante, de no poder disfrutar plenamente de este momento puesto que el nubarrón gris no acaba de irse con el viento. Habrá quien piense que en el fondo está aquí con nosotros. Lamentablemente no soy de esa opinión, y mira que sería un consuelo...
Ahora el objetivo es disfrutar y ser felices, cuidarnos, y esperar con ilusión esta nueva estapa, y ver qué pasa...
EDITO. Este post lo escribí ayer de noche y hoy, releyendo, lo veo todo un poquito más de color rosa (¿será niña?)