Aunque no debería pedir perdón por no escribir puesto que el blog lo creé como un album de recuerdos, tengo el deber de disculparme porque hace ya bastante que el blog tiene contacto con el exterior, y tengo responsabilidades con mis blogamigos. Mil perdones. Y mil gracias por esos mensajitos de ánimo. Gracias sinceramente a todos, y por todo ello, y haciendo caso a Sandra, asomo la patita.
No me cuesta escribir y contar pero me cuesta ponerme a escribir, me cuesta dormir, me cuesta levantarme, me cuesta arreglarme, me cuesta hacer algo en casa, me cuesta seguir una alimentación equilibrada, me cuesta ir a trabajar, me cuesta contestar al teléfono... y me cuesta darme cuenta que hay un número que ya no puedo marcar, lo que no me cuesta, creo que me fastidia. Me fastida que la gente siga con su vida tan tranquila, me fastidia que me pregunten pero también que no me pregunten, y me fastidia tener que seguir como si nada, y me fastida pensar que nadie me entiende (no es así) y me fastidia pensar que nadie me entiende y que la única persona del mundo que me entendía, quería, comprendía, etc se ha ido, me fastidia pensar eso cuando no es cierto, pero me fastidia más este estado en el que me hallo en el que no hago nada de lo que debería.
Visto lo visto, estoy intentando tomar la firme determinación de volver a tomar las riendas de mi vida de un momento a otro sin tardar demasiado. Porque llegar a casa, merendar y ver la tele no es que me aporte demasiado, no me agobio, vale pero algo más tendré que hacer.
Una compañera de trabajo me prestó la 1ª temprada de Prison Break. Ya habíamos visto algún capítulo suelto, pero no nos enterábamos mucho. La cosa es que al empezar a verlos desde el principio pues nos entró a los dos una fiebre pseudoadicta por la serie, y a mi personalmente, por los dos hermanos protagonistas (aún no he decidido cual me gusta más, si el listo y guapo o el guapo y brutote) Ayer la terminamos de ver. Reconozco que como válvula de escape fue genial, estaba entretenida, en el sofá con mi niño guapo (yo también tengo uno, no sólo de los hermanos de la serie vive una) y sin darle a la cabeza. Pero bueno, hoy se acabó la vagancia. Aunque he de confesar que ya le he pedido la segunda temporada a otra compi del curro que la tiene.
Hoy he ido a comer sola a mi casa al mediodía, como hacía habitualmente. Hasta hoy no me había apetecido estar sola en casa, y las veces que me había quedado sola había cogido tal berriche y desesperación que no era plan. Hoy como brilla (un poco) el sol después de TAAAANTA lluvia, parece que tengo un poco más de ¿optimismo?. La presión del pecho no se va. Ya se irá. Al fin y al cabo ésto ya no tiene remedio, a peor no se puede ir, con lo cual sólo se puede ir a ¿mejor?, digamos que a un estadio menos doloroso. He aquí mi lado práctico. Sólo podemos mejorar.
Mañana prometo post nuevo. No sé de qué. Y como no me gustan los posts sin foto, os subo una, hace poco, uno ó dos meses, en el Museo Barjola de Gijón, con una sonrisa optimista. El bolso lo compré a medias con mi madre hace bastantes años, pero claro, siempre me lo ponía yo. Y tan felices.






