VISITAR PARÍS EN TRES DÍAS
Tras suprimir monumentos, calles secundarias y rincones de mucho interés pero poco renombre, he podido comprimir París en una visita de tres días. Eso sí, hay que ir con muchas ganas de pasear y con espíritu de sacrificio. Por tanto, empezamos nuestra ruta turística por París
Primer día: llegábamos ansiosos por ver la Torre Eiffel, así que cogimos el metro hasta Trocadero después de dejar las maletas en el hotel, y salimos disparados hacia la susodicha torre, donde hicimos "cienes y cienes de fotos". Personalmente recomiendo la parada de Trocadero porque así podréis ver los jardines y una buena vista de la torre desde lejos. Yo creo
que es de los mejores sitios para sacar fotos, aunque la torre es muy fotogénica, queda bien desde cualquier ángulo. Bajamos por los Campos de Marte y recorrimos además Les Invalides, El hospicio de los Inválidos empezó a construirse en 1671 por orden de Luis XIV que quería alojar en él a los soldados indigentes y heridos de gravedad en sus numerosas guerras. La obra se terminó rápidamente pero se le añadió una iglesia poco tiempo después. La construcción duró unos treinta años. Se puede visitar la iglesia, algunos museos y la tumba de Napoleón I, cuyos restos mortales se trasladaron desde Santa Elena en 1830. Recorrimos el puente de Alexander III, vimos el Petit y el Grand Palace. Sólo el tramo situado entre la Plaza de la Concorde y el Grand Palais merece el título de la "avenida más bella del mundo".
Caminando caminando llegamos a los Campos Elíseos y Arco del Triunfo.
Ese día cenamos en el barrio latino, en un sitio que se llama La Petite Hostellerie.
que es de los mejores sitios para sacar fotos, aunque la torre es muy fotogénica, queda bien desde cualquier ángulo. Bajamos por los Campos de Marte y recorrimos además Les Invalides, El hospicio de los Inválidos empezó a construirse en 1671 por orden de Luis XIV que quería alojar en él a los soldados indigentes y heridos de gravedad en sus numerosas guerras. La obra se terminó rápidamente pero se le añadió una iglesia poco tiempo después. La construcción duró unos treinta años. Se puede visitar la iglesia, algunos museos y la tumba de Napoleón I, cuyos restos mortales se trasladaron desde Santa Elena en 1830. Recorrimos el puente de Alexander III, vimos el Petit y el Grand Palace. Sólo el tramo situado entre la Plaza de la Concorde y el Grand Palais merece el título de la "avenida más bella del mundo". Segundo día: este es un recorrido bastante corto pero muy in
tenso si el tiempo de acompaña. Todo se encuentra en l’Ile de la Cité y la parada de metro más cercana es la Cité de la línea cuatro. Para visitar la Santa Capilla (Saint Chapelle) hay que entrar por el Palacio de Justicia, ya que se encuentra en el interior de este edificio. No tiene pérdida, pues está casi enfrente de Notre-Dame. Merece la pena tomarse este día con tranquilidad y disfrutar de las gentes y los rincones que hay. Hay también un mercado de flores y pájaros que podéis visitar de pasada. Veréis la Capilla Baja, la Capilla Baja y merece la pena ir un día que haga buen tiempo pues se puede disfrutar mucho más. Para Notre-Dame lo mismo, mejor que haga sol para poder apreciar las vidrieras y los rosetones de la catedral. Y sobre todo las gárgolas que nos encantaron, de hecho hemos colgado varias en el salón de casa. Un poco gótico, sí. Qué le vamos a hacer. Notre-Dame es una preciosidad, y destacar, que la mejor foto que tenemos allí nos la sacó un ciudadano japonés (oriental, vamos) que para mi, que trabajaba en la mismísima Nikon.
tenso si el tiempo de acompaña. Todo se encuentra en l’Ile de la Cité y la parada de metro más cercana es la Cité de la línea cuatro. Para visitar la Santa Capilla (Saint Chapelle) hay que entrar por el Palacio de Justicia, ya que se encuentra en el interior de este edificio. No tiene pérdida, pues está casi enfrente de Notre-Dame. Merece la pena tomarse este día con tranquilidad y disfrutar de las gentes y los rincones que hay. Hay también un mercado de flores y pájaros que podéis visitar de pasada. Veréis la Capilla Baja, la Capilla Baja y merece la pena ir un día que haga buen tiempo pues se puede disfrutar mucho más. Para Notre-Dame lo mismo, mejor que haga sol para poder apreciar las vidrieras y los rosetones de la catedral. Y sobre todo las gárgolas que nos encantaron, de hecho hemos colgado varias en el salón de casa. Un poco gótico, sí. Qué le vamos a hacer. Notre-Dame es una preciosidad, y destacar, que la mejor foto que tenemos allí nos la sacó un ciudadano japonés (oriental, vamos) que para mi, que trabajaba en la mismísima Nikon.Este mismo día visitamos el Louvre. Es enorme, 14 kilómetros de galerías, así que nos hicimos un recorrido expres apto para turistas. Es absolutamente impresionante. La Victoria Alada de Samotracia, la Venus de Milo, la Gioconda...
Tercer día: también este es un recorrido más corto que el primero pero de nuevo es imprescindible si se visita París. Montmartre comienza en la parada de metro de Pigalle (líneas 2 y 12). Cuando se sale uno se encuentra en la Plaza de Pigalle y aquí ya se empieza a sentir el ambiente de la zona. En la zona se encuentran muchos espectáculos eróticos y siempre hay gente que os invita a entrar. Éso es opcional. Al llegar a la plaza veréis el Moulin Rouge, club por excelencia de las últimas décadas en la vieja París. Cogiendo la calle que se encuentra entre el Moulin Rouge y el Museo del Erotismo (con un interesante escaparate), hay una cuesta que empieza a subir hacia arriba y que no parará hasta llegar al Sacre Coeur. Que es un templo un tanto extraño, con cierto sabor bizantino, precioso por su arquitectura y situación. Hay que subir todo recto hasta que no se pueda más y luego se sube por la que hace curva hacia la izquierda. A la derecha hay una casa donde vivió Van Gogh durante un par de años en casa de su hermano. Después, sólo hay que seguir al griterío y a los turistas. Nos encontramos en Montmartre, el barrio de los pintores. Se puede dar una vuelta por la plaza y echar un vistazo a los pintores, comprar unos cuadritos, que os pinten un retrato... nosotros le compramos unos cuadros a un pintor armenio. Y ya sólo nos queda la basílica de Sacré-Coeur y para llegar, lo mismo que antes, seguir al gentío. Para terminar se puede bajar por las escaleras o en el funicular (que estaba estropeado el día que fuimos) pero merece la pena quedarse un rato contemplando el paisaje que nos deja el alto de París pues prácticamente se puede ver toda la ciudad. En Montmartre cenamos en una crepería genial, La Tire Bouchon, que está llena de notas, fotos que van pegando los clientes en las paredes. Buenísima la crepe de jamón y queso. Mmmmm.
Bateaux Mouches: estos barquitos se cogen en varios sitios. Los más baratos y los míticos mouches se cogen al lado del Pnt de l’alma. El recorrido dura más de una hora y cuesta unos 9 euros pero merece la pena porque te dan una vuelta por monumentos importantes que están alrededor del Sena. Nosotros cogimos uno debajo de la Torre Eiffel, el recorrido duró una hora y mereció mucho la pena.
El barrio latino de París recibe este nombre porque los estudiantes de la Sorb
ona en la Edad Media hablaban en Latín en un barrio de población mayoritariamente académica. Es un sitio muy animado, lleno de gente, restaurantes, tiendas, callejuelas estrechas con galerías de arte... tiene calles y sitios muy interesantes, pero otras calles son un poco un gran mercado, una gran tienda par aturistas. Es muy chula la fuente de San Miguel dominando al dragón que hay en la p plaza del mismo nombre. (foto)
ona en la Edad Media hablaban en Latín en un barrio de población mayoritariamente académica. Es un sitio muy animado, lleno de gente, restaurantes, tiendas, callejuelas estrechas con galerías de arte... tiene calles y sitios muy interesantes, pero otras calles son un poco un gran mercado, una gran tienda par aturistas. Es muy chula la fuente de San Miguel dominando al dragón que hay en la p plaza del mismo nombre. (foto)En el barro latino en Saint-Germain-des-Prés se encuentran también famosos cafés literarios, como Les Deux Magots y Café de Flore, con su decoración art decó, y sus recuerdos a Picasso, Wilde, Sartre, Joyce...
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